31 de agosto de 2014, a las 06:45 h, el retrato del Japón aeroespacial de Eri Ando

El vídeo posiblemente os sonará. Es el que enlazó Dunkel-Light en los comentarios de la entrada dedicada al corto publicitario de Why She Loves Kanji (que por cierto ya se encuentra actualizada con la segunda parte de la historia que subieron a la red sus propios autores) y al que, desde el primer momento, me gustaría darle las gracias por informarme de su existencia. Ya en su día dije que le dedicaría una entrada aparte antes de ponerme en serio con otras y hoy, con el sempiterno retraso en el cumplimiento de mis promesas, llevo finalmente a la práctica lo que dije. En otras palabras, hablar muy brevemente sobre esta particular historia de un día cualquiera de verano para, de este modo, poner mi pequeño granito de arena para apoyar su expansión.

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Himouto! Umaru-chan, la sucesora pacífica e incestuosa de Lucky Star

Umaru

Mi hermana pequeña, Umaru, es guapa y popular. Es amable, inteligente y tiene muchas otras virtudes. Todos la adoran. Es una chica de instituto perfecta e intachable… o eso es lo que los demás creen. Porque cuando está en casa es vaga, despreocupada y carente de cualquier tipo de inquietud adquiriendo otra personalidad que llamo Himoto

Sí, ya lo sé, no es la de Ping Pong que prometí y que analizaré más adelante pero, como explicaré párrafos después, la actualidad manda puesto que estamos ante uno de los títulos de la temporada en los términos más objetivos y estrictos del concepto, y ello implica cambio de planes. Pero eso no impide que escriba este artículo con un cierto mal sabor de boca debido a que me hubiese gustado publicarlo hace un mes, justo al final de su emisión, aunque la avalancha de trabajo que durante estos meses he tenido me ha impedido ponerme a escribir con toda la enjundia que me hubiese gustado. Además, están las cosas como para distraerse en aspectos secundarios.

Hemos tenido durante el presente año una auténtica avalancha de elecciones de todo tipo, pero lo que ocurra el 20 de Diciembre puede ser dramático debido a la posible configuración de las cámaras legislativas y a la incertidumbre que la entrada de los nuevos partidos va a traer, que hace que sobre todos los españoles empiece a acechar un fantasma llamado“ingobernabilidad”. Yo jamás he ocultado de qué pie cojeo, soy de derechas, pero ni yo ni prácticamente ningún aznarista queremos soportar un segundo más a ese infame dúo “Rajoy y Soraya” y sus intrigas en el Gobierno (desde el cual nos han traicionado) y no puedo ocultar que la promesa de Rivera de que con él este par se irá a su casa es algo que me/nos tienta y máxime después de todo lo que se ha conspirado para que nadie en ese partido se les oponga.

Alguno pensará que el párrafo anterior no viene demasiado a cuento porque es hablar de política en un contexto como el del anime y del manga y ante eso sólo les puedo decir que tienen toda la razón. Pero después de la sobredosis de barbaridades e insultos que les llevo leyendo a unos cuantos supuestos otakus, y para colmo sin venir a cuento, sobre Inés Arrimadas, García Albiol, el mencionado Rivera o, cómo no, los clásicos exabruptos contra Esperanza Aguirre (debido única y exclusivamente por sus ideas), a ver si va a resultar que yo no puedo decir que quiero que el PP vuelva a ser el gran partido de principios y valores que era en los tiempos de Aznar y no la piltrafa de logia en la que lo ha convertido “Mariano” y que me duele ver cómo se va estrellando en todos los sitios por culpa de ese individuo y la bailona. En fin, dejémonos de dramas y metámonos en harina con un anime que me ha servido para desconectar, lo cual no es precisamente poco viendo cómo está el panorama y cómo tiene pinta de que va a estar en breve.

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Why She Loves Kanji, ligoteando mediante los codos con la ayuda de Studio 4ºC

Como es bien sabido, la actualidad es un factor que nunca me ha guiado a la hora de redactar reviews o entradas para este blog. Sin embargo, y dado que hacía mucho tiempo que no publicaba nada en tono breve o informal para la bitácora, me apetecía hacer un pequeño paréntesis para comentar un vídeo del que tengo noticia desde hace cerca de tres semanas y del que, sin embargo, no he visto reseña o mención alguna en los medios especializados españoles (ni por regla general, en los de habla hispana). Así pues, intentaré explicar muy sucintamente los motivos que lo hacen tan especial… o al menos llamativo.

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Kaguya-hime no Monogatari, el “colorín colorado” de Takahata

– Estoy muy agradecida por esos sentimientos que dicen tener hacia mí; alguien a la que no conocen o cuyo rostro siquiera han visto. Ahora pregunto: ¿me traerían los raros tesoros con los que me comparan? Así mi corazón podría valorar de una manera clara hasta qué punto me atesora cada uno. Príncipe Juramochi, traedme la Rama Enjoyada de Horai; Príncipe Ishitsuki, quiero el Cuenco de Piedra de Buda. – Pero… Pero… – Señor Ministro de Justicia Abo, el Manto de Piel de la Rata de Fuego. Gran Consejero Otomo, la Joya del Cuero del Dragón. Secretario Isonokami, deseo un Cauri de Golondrina. – No por favor. ¡Puede que esas cosas ni tan siquiera existan! Eran sólo metáforas. – Sí, todos ustedes me compararon con raros tesoros. Pues bien. Si uno de ustedes puede poner en mis manos uno de ellos con gusto me convertiré en el “tesoro” de ese hombre.

Pues sí, la verdad es que me he vuelto a retrasar un poco haciendo una review pero es que es lógico. Todo el que me conoce sabe sobradamente que detesto el verano, no sólo porque todo el país cierra al unísono y casi a la par, sino porque Castilla durante esa etapa es lo más parecido que existe a una parrilla. El julio que ha hecho por estos lares ha sido simple y llanamente infernal. No es una manera de hablar que durante la totalidad de ese mes, todos los días ha hecho una temperatura cercana a los 40 grados por la mañana y que durante la noche la cosa refrescaba poniéndose “únicamente” a 30, lo que aparte de sacarme de mis casillas hizo que, evidentemente, no pegase ojo.

Soy animal de frío, lluvia, viento y nieve, que halla la felicidad a tres bajo cero en cazadora negra y vaqueros. Sobrevivir a esto en manga corta es para mí una labor imposible, máxime cuando el aire que se respiraba durante estos días parecía no tener un ápice de oxígeno y no veo el momento en el que termine esta dichosa estación. Todo ello sin contar con que hemos visto a Bear Grylls en televisión sobrevivir a todo tipo de inclemencias tras ser arrojado a toda clase de selvas, estepas o zonas catastróficas en las que tiene que comer una gran variedad de asquerosidades, dormir en cualquier cuchitril imaginable e incluso aguantar a tíos que le jodan el programa por Internet, pero ni siquiera él tiene narices para hacer un capítulo que explique cómo sobrevivir a un coñazo tan extremo como el de pasar un par de semanas por esta época en medio de este desierto.

Sin embargo esto es lo que hay, así que me dio por coger el ordenador y empezar a teclear sobre esta película cuyo análisis me habían pedido hasta en la sopa pero que también estaba retrasando de un modo más o menos intencional. En el fondo éste ha sido un año desastroso en lo que a anime se refiere y, con lo poco que hay para hablar, hay que tratar lo que uno tiene entre manos como si de petróleo se tratase. También es cierto que tengo un par de series cuya review está apalabrada (Ejem: Ping Pong) pero lo primero es lo primero y terminar según qué análisis relacionados con Ghibli es una prioridad, por lo que dejémonos ya de palique y veamos si esta tan cacareada como reciente cinta del estudio es merecedora de pasar a la historia del anime como una obra canónica o apócrifa en lo que al mundo de este particular entretenimiento nipón se refiere.

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Omoide no Marnie, el comienzo del Hiatus de Ghibli

Omoide No Marnie

– Tengo que volver. – ¿Estaban hablado de ti? – Sí, normalmente estoy en la cama a esta hora. Vamos, volvamos a casa remando. – Así que este bote era tuyo. – Sí, y lo dejé a tu alcance a propósito, aunque pensé que remabas bastante mejor. – Sí, eso creía yo también. – Eres mi precioso secreto. No le he dicho nada a nadie sobre ti y no lo voy a hacer, porque si alguien se entera lo estropeará todo. Por favor, prométeme que lo nuestro seguirá siendo un secreto siempre. – Sí. – Será nuestro secreto.

Sí, he tardado casi dos meses en volver a hablar de anime, pero como ya dejé bien claro o descansaba un poco o la cabeza me iba a estallar. Además, como siempre he dicho yo soy un lobo de invierno; el verano y yo jamás hemos sido buenos amigos y mi productividad durante estos meses suele mermarse considerablemente. Pero es que lo de este año y sus asquerosas oleadas de calor está superando todo lo humanamente soportable por mi parte. Os puedo asegurar que ha habido veces que me he encontrado al ir a correr el termómetro a 41 grados, he dormido con 34 por la noche y o bebo de tres a cuatro litros de agua diarios o tengo la sensación de que me voy a deshidratar.

Así es la meseta castellana durante estos meses. Un verdadero horno a presión particularmente difícil de llevar para todo aquel que no tenga a su alcance una piscina. Y teniendo en cuenta que lo más parecido que tengo a mi disposición es el mar de libros de Derecho (en especial Mercantil) que inunda habitualmente mi habitación, y que tengo que combatir estas temperaturas anormalmente altas a la par que mi mente resulta frecuentemente atacada por unas dosis exageradas de aburrimiento extremo… comprenderéis que no es una tarea precisamente fácil para mí ponerme a escribir, ya no sólo por la dificultad para encontrar tiempo, sino también para reunir las ganas necesarias con las que ponerme a ello. Pero una vez conseguidas, aquí estoy.

Así pues. Casi después de que Desiré Cordero despertase una oleada de patriotismo en Pérez-Reverte que ríete tú de cuando España ganó el Mundial de 2010, después (ya en el sentido estricto del término) de que Dragon Ball Super demostrase que muchos de los que a día de hoy van de otakus veteranos desconocían que existía un engendro llamado Dragon Ball GT desde cuyo estreno el confiar en que se edite algo mínimamente bueno relacionado con la franquicia es como esperar que Piqué parta la historia del pensamiento humano en dos tras una de sus juergas, después de que el TOPOR haya pasado a ser un problema del OTOPOR, digooooo, del Oporto (cosa que celebré con suma discreción) y apenas unos días después de que fuese ya definitivo que Miyazaki volvía a la carga con un corto de animación (ya es casualidad) procedo a analizar un anime que me habían exigido hasta la saciedad desde hace meses debido a que los caprichosos vientos del destino han hecho de él la que podría ser la última producción de Ghibli si este estudio no sale del hiatus indefinido en el que por el momento se encuentra. Por lo tanto, como siempre preparándome para lo peor, comencemos.

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