Feliz Navidad y Próspero 2017. (El balance tardío de 2016)

La verdad es que no sé muy bien cómo comenzar este mensaje de comienzo de año y tal vez lo primero que tengo que deciros es que no me ha costado redactarlo por su extensión, sino porque todavía siento algo de dolor en mi muñeca izquierda por cosas que prefiero no comentar. Lo cierto es que para mí este fin de año ha sido uno de los más amargos de mi vida y, si os soy sincero, maldita la gana que tengo de escribir. Estoy cansado y harto. Harto de tener que lidiar batallas y guerras que yo no declaro y harto de que me pasen cosas malas sin comerlo ni beberlo. Con lo cual, espero que sepáis disculpar el tono pesimista que tiene tanto esta entrada como el vídeo que la encabeza. Pero como yo siempre digo, hay que ser autosuficiente y afrontar lo que te venga sin que la adversidad te tire a la lona. Así que no sé muy bien de dónde sacaré las fuerzas para desearos un Feliz Año 2017 y, por supuesto, felicitaros lo que queda de Navidad. Aunque haré lo que pueda.

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Un verano en el desierto castellano (con libros de por medio)

Se dice que Cicerón afirmó en una ocasión que los tiempos que le tocó vivir eran malos porque nadie obedecía a sus padres y porque todo el mundo escribía libros, y no le faltaba razón. La República de Roma se había sumido en toda clase de dictaduras y triunviratos que desembocarían en varias guerras civiles que desangrarían a la ciudad y sus provincias y que traerían como principal consecuencia el Imperio. Por ello, me hallaba yo meditando sobre estas palabras (y si las mismas eran o no aplicables a la lamentable realidad española actual) y me dio por hacer el vídeo que tenéis sobre estas líneas. La verdad es que no aporta demasiado al panorama de las letras hispanas, pero si alguien se encuentra tan aburrido como yo, es posible que lo encuentre de utilidad a pesar de que no descubra, ni muchísimo menos, nada interesante… excepto el asombroso y monumental hastío que por estas fechas me abruma.

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¡FELIZ NAVIDAD! Gracias por un 2015 maravilloso a vuestro lado

Por fin. Casi parecía que no pero de una vez nos ha llegado la Navidad y no puedo decir que no la estuviese esperando como agua de mayo porque necesitaba tomarme un respiro y reorganizarme un poco, porque de no ser así la cabeza me iba a estallar. Así pues, ¿qué mejor que hacer un balance del presente año y desearos lo mejor para el próximo? Pero claro, no me he comprado demasiadas cosas dignas de mostrar por aquí, no he hecho nada demasiado espectacular salvo estudiar como un campeón y por encima de todo algunos meses he estado bastante parado a pesar de tener temas para reviews tanto de videojuegos como de anime. Así que vamos primero a intentar explicar todo y para ello, no me queda más remedio que hablar de política y pedir que, en el caso de que me deis la oportunidad de explicarme, leáis el post hasta el final.

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Organizando el chiringuito hasta el próximo verano

Adorable imagen, ¿verdad? Lo cierto es que me apetecía poner algo así (que, bien pensado, parece una versión en anime de Begoña Villacís) para ilustrar un post que describiese cómo van a ir las cosas en la bitácora durante los próximos meses en vista de lo apretada que voy a tener la agenda y del poquísimo tiempo que me va a quedar entre medias. Aunque tal vez tendría que haber elegido como imagen una que incluyese algún tipo de reverencia que simbolizase una disculpa, puesto que no he podido escribir tanto como me hubiese gustado y, cuando he tenido oportunidad de hacerlo, la falta de ganas y la desmotivación han podido conmigo. Pero lo primero es lo primero, así que os comentaré brevemente más o menos lo que pienso hacer en líneas generales durante el próximo curso y por qué he estado tan aparentemente apático.

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Sobreviviendo (con gerundio) a un verano jurídico

Suzumiya en Verano

Otra vez como hace apenas un par de meses. Echo la vista atrás y casi han transcurrido nada menos que 30 días entre mi última entrada y el texto que tenéis ante vuestros ojos sólo puede contener una disculpa y una justificación para tan aparente desidia. Como os podréis imaginar todo tiene su explicación y esto no podía ser menos, pero no es muy difícil de deducir: estaba simple y llanamente molido debido al ritmo que me he impuesto durante todos estos meses y que debía suavizar si quería mantener la cordura que la sobrecarga de trabajo amenazaba. Aunque tal vez lo primero sería sincerarme.

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