Princess Arete, el anime Feminista de Sunao Katabuchi

aretehime

La Princesa de este Reino se encuentra encerrada en lo alto de la torre del castillo de nuestro monarca, mientras espera el advenimiento de un caballero lo suficientemente gallardo como para convertirse en su esposo. Por ello, desde su nacimiento ha sido aislada y protegida de la corrupción del mundo exterior y nadie la ha visto nunca. Sin embargo, aunque hay quien cuestiona su existencia, la gente de la capital cree que nunca ha salido de ahí, conservando así la nobleza de su cuerpo y de su mente en espera de que, algún día, convierta en realidad todos los deseos de su pueblo.

Sí amigos, así es. De nuevo tarde, muy tarde, aunque lo importante es que vuelvo a cumplir una de mis promesas que más he demorado a la hora de transformarlas en una entrada. Me imagino que no será necesario matizar lo que siempre digo. No es una cuestión de querer, sino de poder, y la avalancha de quehaceres y obligaciones que he tenido durante el último mes ha hecho que haya sido para mí poco menos que imposible encontrar unos instantes libres que me permitan ponerme delante del teclado y, de esta manera, poder concluir una review que, como suele ser muy habitual en mí, me lleva mucha más tiempo del que inicialmente preveo en sus inicios.

De cualquier manera no todo ha sido trabajar en estos días. Es más, me hizo bastante ilusión conseguir un hueco en mi agenda y ponerme a disfrutar hace ya dos semanas de una película que tenía ganas de ver como lo es “Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos”. Reconozco que la cinta no es gran cosa, pero encontrarse con algo que me permita distraerme de los problemas de los que habitualmente tengo noticias a través de casos y sentencias (así como de la repugnante actualidad política que día a día estrangula el país) es algo que hacía años que no me podía permitir. Y es que ir al cine es a día de hoy un lujo, pero ésta es una de las pocas cosas por las que, todavía, merece la pena vivir en Zamora. El precio de las entradas por aquí es muy económico.

Por último, y antes de comenzar, he de decir que estamos ante una producción considerablemente más compleja de lo que en un principio puede llegar a parecer. Comprenderla en su totalidad requiere varios visionados, no es precisamente sencillo desentrañar todos los mensajes que oculta y, para colmo, puedo asegurar que hacerse con una copia de ella disponible en un idioma comprensible para todos aquellos que más o menos chapurreamos la muy noble lengua de Cervantes es una misión que, de tan difícil, raya lo imposible. Pero que todos los males vengan por ahí. Dicho esto, y sin más dilación, comencemos a descifrar esta semidesconocida obra de Sunao Katabuchi que, como diré en la segunda introducción, ha saltado a la palestra a raíz del éxito de In This Corner of The World.

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Okuribito, el canto mortuorio a la vida de Yojiro Takita

okuribito

– ¿Está rico? – ¡Delicioso! Por cierto, ¿has traído el chelo? – ¡Quiero oírte tocar! – Pero sólo un poco ¿eh? – Nunca he oído a un violonchelista en directo. – ¿Eras músico de orquesta? – Sí, estaba en una, pero se disolvió. – ¿Y cuándo empezaste a tocar? – En párvulos. – ¿Desde hace tanto? – Sí, este chelo es de niño. Fue mi padre el que se empeñó en que aprendiese. – Hizo bien. – Sí, pero él no era un buen hombre. Montó un café y nos abandonó a mi madre y a mí por una camarera. Un cabrón. – ¿Dónde está ahora? – Supongo que muerto… Bien, dama, caballero, ¿qué quieren escuchar? – Bueno, a estas horas ya es Navidad… – ¿Me imagino que no habrá problemas religiosos? – No te preocupes, somos budistas, cristianos, musulmanes e hindúes a la vez. – Bien, toquemos pues en honor a esta noche sagrada.

Sí hijos míos. He tardado, vaya si he tardado en volver a escribir en la bitácora a pesar de tener toda la voluntad de publicar a principios de septiembre. Y la culpa la ha tenido no sólo la avalancha de trabajo que desde hace tiempo disfruto, sino también el monstruoso calor que ha azotado el país las últimas semanas y que casi acaba con la poca salud mental que todavía atesoro. Bueno, eso y el “Chou” que ha ofrecido el PSOE este fin de semana después de que Pdro Snchz se quedase con más vocales que votantes, pero en fin. Aunque en esta ocasión la damnificada haya sido nada más y nada menos que… ¿una película con actores de carne y hueso? Pues si, por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a analizar un largometraje perteneciente al cine convencional. Aunque eso sí, y como Dios manda, procedente de Japón para así no traicionar del todo la filosofía del blog.

Posiblemente recordaréis que lo advertí un año atrás. Más tarde o más temprano este film tendría un hueco en esta bitácora, y vaya si se lo he dado. No obstante, han transcurrido más de doce meses desde que lo anuncié. Sí, es verdad, siempre he tardado mucho más de lo que he planificado en cumplir mis promesas, pero el caso es que las cumplo. O ¿qué creíais? ¿Que mi palabra vale tanto y tiene tanta durabilidad como firmar un pacto con Albert Rivera? Pero el caso es que por fin está aquí, elaborada en medio de una espiral de trabajo agotador y demorada una y otra vez por culpa del asqueroso calor que ha hecho durante el mes pasado y que reconozco que casi ha acabado conmigo. Sin embargo, por suerte para mí las bajas temperaturas están a la vuelta de la esquina.

Debo añadir que el exceso de luz siempre ha afectado a mi carácter. Me pongo moreno en un día y lo cierto es que el Sol nunca me ha perjudicado, pero me pone especialmente de mal humor. Además, yo para rendir necesito cielos muy nublados, una temperatura en torno al bajo cero y lluvia, mucha lluvia, que es precisamente lo que ha faltado este verano. Así pues, para redactar lo que estáis viendo bajo estas líneas, he tenido que recurrir al viejo truco de escribir de noche, en espera de que de una maldita vez los 30 grados nos dejen en paz. Pero, como siempre, dejemos a un lado los soliloquios y empecemos con lo que realmente importa.

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La Isla de Giovanni. Una muerte a la sombra de las Kuriles

A nuestro padre le encantaba “El tren nocturno de la Vía Láctea”, la novela de Kenji Miyasawa. Cuando comencé a ir a la escuela me hacía leerlo en voz alta a diario, igual que a mi hermano después. Decía que a nuestra madre también le encantaba ese libro y que solía leerlo a menudo cuando estaba viva. De hecho nos pusieron el nombre en base a los personajes principales de la historia, Junpei, que viene de Giovanni y Kanta de Campanella.

Como siempre, lamento haber tardado tanto en redactar el presente artículo a pesar de que quería haberlo presentado el Domingo o incluso antes pero el caso es que tras superar mi lesión me ha dado por correr más de la cuenta estos días y que, como siempre, empecé a escribir y terminé liándome… En un principio pensé que esto se podría resolver con cosa de pocas palabras, pero nada más terminar la película me di cuenta de que no se podía ventilar sin más con una review, sino que estábamos ante un producto tan complejo que debía tener algo más de enjundia de lo habitual, al menos para poder entender algunas de las situaciones que se plantean en su argumento y las connotaciones de determinadas escenas que, descontextualizadas, pueden parecer oscuras o incluso absurdas a nuestro ojos sin que lleguemos a entender exactamente el porqué.

Pensaba pues en cómo debía enfocar esta entrada y las ideas se agolpaban en mi cabeza, aunque creo que la mejor manera de comenzar esta introducción es aclarar que tiene su gracia cómo muchas veces creemos que elegimos algunas de las cosas que nos ocurren en la vida, cuando son en realidad esas cosas las que nos eligen a nosotros. El ejemplo más característico de ello son los libros, ésos que no sabes muy bien cómo acaban delante de tus narices pero el caso es que terminamos devorándolos. Hecho eso, nos damos cuenta de que eran maravillosos y que no sabíamos qué demonios estábamos haciendo hasta que sus páginas llegaron a nuestras vidas. Existía una joya y, sin embargo, vivíamos en la inopia a pesar de que teníamos perfecto acceso a ella. Y eso es más o menos lo que me ocurrió con esta película. Me encontraba en un determinado centro comercial de Valladolid y echándole un vistazo a las novedades en DVD que había por ahí, me topé con un ejemplar de esta obra y no pude evitar comprarla. ¿Por qué? Pues porque me dio buena espina y… acerté, al menos en lo que a obras de las que realmente me gusta hablar por aquí se refiere.

La casualidad me vino realmente bien, porque, para variar, estaba verdaderamente desesperado en cuanto a buscar algo realmente bueno para comentar, en vez de lo habitual: bazofias con las que me vengo del mundo y de los cordones demasiado largos que piso al hacer ejercicio y que me lesionan y todo lo que me encontraba era así. Menuda novedad, ¿no es cierto? Aunque reconozco que no es exacto que conociese este largometraje de este modo, puesto que ya conocía su nombre por culpa de que la horrible cosecha de este año en lo referente al “Animation of the Year 2014”. O al menos eso se deducía en cuanto a la apariencia inicial de la lista de nombres que incluían los nominados, sin que pareciese que existiera ningún título de peso más allá de Omoide no Marnie (que ni siquiera consiguió alzarse con él) siendo el presente film, el único que al menos pretendía ser calificado de esa manera. Pero me entró un cortocircuito y, dicho y hecho. Veamos si da o no la talla y si el perder contra Doraemon fue o no justo.

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Kaze Tachinu, ¿el canto del cisne de Hayao Miyazaki?

Kaze Tachinu

– Sabía que volveríamos a vernos, muchacho japonés. – Señor Caproni, juraría que ésta es la pradera donde nos vimos por primera vez. – Así es, el reino de nuestros sueños. – A mí me ha parecido el Infierno. – No del todo, aunque en cierto modo es lo mismo. ¿Qué tal te ha ido esta última década? ¿Has dado lo mejor de ti? – Sí, aunque luego todo se vino abajo. – Porque se destruyó un país, pero ahí están tus cazas, los Zeros. Son hermosos, un trabajo excelente.Ninguno de ellos regresó. – Porque no tenían adónde volver. Los aviones son sueños hermosos, pero también malditos. El cielo los engulle tarde o temprano…. Una persona te ha estado esperando. – Nahoko.– Ha estado esperando pacientemente todo este tiempo a que tú volvieras. – Cariño… debes vivir.

Lo confieso. Ésta me la guardaba para cuando hubiese que celebrar que ya soy, con todas las letras, graduado en Derecho. La podía haber redactado a comienzos del verano y no lo hice. Decidí esperar a poder decir que ya soy oficialmente un jurista con todas y cada una de las letras de esa palabra para hacerlo. No obstante ahora viene la segunda parte, el convertirme en abogado pasando, valga la redundancia, por la nueva pasantía. Es decir, que a mis años, quién lo diría, volveré a ser un becario. Pero qué más da, estoy contento, mis sudores me ha costado llegar hasta aquí y no me me ocurría una mejor manera de compartir mi felicidad con vosotros que analizando la obra que pone punto y final a la trayectoria del que muchos consideran “el mejor”. No obstante, era perentorio mantener en secreto que iba a caer y eso me dejó en un serio apuro cuando intenté explicar la razón por la cual consideraba que el cierre de Ghibli no era tan grave, especialmente cuando me tenía que referir a… “El Viento”.

En los aspectos personales, me refugio en lo intelectual por no poder hacerlo en lo deportivo. Que nadie me malinterprete, no sigo la LFP por el mero cansancio que me producen los intereses extradeportivos y políticos que rigen y emponzoñan el fútbol en España, así como el descarado amaño de algunos partidos. Pero lo de tener que aguantar a Casillas en la portería del Madrid después de que por su culpa hiciésemos el ridículo en el Mundial y de que hasta el último mono se ría del equipo por sus cantadas… y que con todo nadie tenga los arrestos necesarios para mandarlo a freír puñetas es algo que me pudre los intestinos por no decir algo mucho más fuerte. Aunque claro, me queda el consuelo de compensar la acidez estomacal que me genera la existencia del TopoR, con la que me provoca el ver las imágenes de Piqué haciendo el indio y que demuestran mi teoría de que Copito de Nieve no murió sino que simplemente transfirió su alma al estilo Orochimaru y se mete goles en propia.

Olvidándome de especímenes autóctonos de la fauna ibérica metidos a futbolistas, estos días he estado fundamentalmente en Valladolid disfrutando de sus fiestas, lo que he combinado con los preparativos del máster, el clásico avituallamiento de libros más grandes que yo, algún que otro arreglo en el coche y aprovechar en general los últimos días de asueto que tengo antes de empezar a dar el callo. Aunque, como inmediatamente se verá, escribir cosas como esta entrada podría considerarse cualquier cosa menos descansar puesto que no es de las más extensas que he creado, pero la complejidad de algunos temas me ha obligado a esforzarme. Fuere como fuere, llega el momento de descorchar a mi manera la botella de champagne y comprobar si el lustro que llevo esperando nuevo material por parte de mi autor preferido ha merecido o no la pena.

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El Derecho Penal en Japón. Delitos más importantes y normas procesales básicas en el Imperio del Sol Naciente

Derecho Penal en Japón

El Derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos” (Immanuel Kant) a lo que conviene añadir que La libertad no es posible más que en aquellos países donde el Derecho predomina sobre las pasiones” (Henri Lacordaire), aunque desgraciadamente Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan atrapadas las pequeñas” (Honoré de Balzac)

Más o menos a todo el mundo le gusta esta rama del Derecho, o al menos es aquélla de la que la gente más ha oído hablar, aunque reconozco que no es un asunto que a mí me entusiasme precisamente. Sin embargo, si hay algo que puedo asegurar sobre la cultura del Imperio del Sol Naciente es que éste es uno de los temas por los que más suelen interesarse los aficionados al manga y al anime cuando se ponen a investigar sobre nuestro país de referencia. Un fenómeno que, desafortunadamente, ocurre en paralelo a otra desgracia: que, rara vez, se suele hablar con conocimiento de causa. Así pues, este post pretende dar algunas pistas sobre cómo funciona el “ius poenale” nipón. O dicho de una manera más asequible: cómo castigan los japoneses los comportamientos que, desde su punto de vista, son los más graves y merecen lo que nosotros denominamos como “reproche Penal”.

Elaborar este artículo fue realmente complicado por un hecho comúnmente sabido sobre mí. No sé hablar el idioma del archipiélago y los textos que he tenido que consultar estaban en inglés y en francés, por lo que no he podido asesorarme directamente mediante fuentes originales. Del mismo modo, todo lo escrito a continuación está redactado por un estudiante, con lo que su valor doctrinal o científico es nulo y es posible que tenga errores. Además he intentado prescindir en la medida de lo posible de tecnicismos con el propósito de que todo sea lo más didáctico posible, por lo que he utilizado un tono pedagógico a la vez que entretenido, o al menos he hecho en esa dirección lo que ha estado en mi mano. Asimismo, a lo largo de toda su extensión he comparado nuestras filosofías en ese ámbito con las suyas con la intención de que se entienda todo lo que he tratado de plasmar para alguien que viva fuera del ámbito del Derecho. Es decir, la mayor parte de nuestras máximas son las suyas y una de las mejores maneras de aprender es tener claro lo que ya sabemos, para que así no nos cueste entender lo que nos resulte novedoso o cuanto menos extraño.

Se trata de un tema muy amplio y, por lo tanto, es imposible detenerse en profundidad en todos los aspectos que tratamos. A un tiempo hay que pensar que nuestra manera europea de pensar no es la asiática y, lógicamente, para ellos existen ciertos comportamientos muy graves desde su perspectiva que para nosotros no lo son y al revés, y aplican ciertos castigos que para nosotros serían inconcebibles, como más adelante veremos. Aunque antes de comenzar, haremos una aclaración protocolaria aunque no por ello menos importante y es el uso de abreviaturas. CPE significa “Código Penal Español”, CPJ “Código Penal Japonés”, LECrim “Ley de Enjuiciamiento Criminal” (España), LECrimJ “Ley de Enjuiciamiento Criminal Japonesa”, LPME “Ley Penal del Menor Española” y LPMJ como “Ley Penal del Menor Japonesa”. Pero basta ya de presentaciones e intentemos hacer, antes de nada, una pequeña introducción.

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