Shelter, el Matrix de Porter Robinson

Encontrábame yo, para variar, muerto de aburrimiento tras sobrevivir a estar diez horas seguidas medio sepultado entre las decenas de libros de Derecho que abarrotan mi mesa cuando, buceando por los entresijos de una conocida Red Social para desconectar un poco, descubrí un vídeo subido por su propio autor a Youtube. No obstante, el mérito no fue mío ya que observé cómo LaLinLuLeLo se había hecho eco de él en su perfil a la vez que pedía una opinión acerca del mismo. Inicialmente pensé en responder por allí, pero dada la calidad que percibí en dicha obra decidí que éste era un buen momento para dedicarle una minireview a este particular corto de animación, del que adelantaré que es uno de los pocos de los que últimamente se puede decir que se salvan de la quema debido no sólo al buen planteamiento de su autor, sino también a que ha sido nada menos que A-1 Pictures la encargada de poner los medios técnicos para darle vida.

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A Link To The Past, la génesis del mito de Zelda

alinktothepast

– I never imagined a boy like you could give me so much trouble. It’s unbelievable that you defeated my alterego, Agahnim the Dark Wizard… Twice! But I will never give you the Triforce. I will destroy you and make my wish to conquer both Light and Dark Worlds come true without delay. – I am the essence of the Triforce. This power will grant the wishes in the heart and mind of the person who touches it. If a person with a good heart touches it, it will make his good wishes come true… If an evil wishes come true… If an evilhearted person touches it… it grants his evil wishes. The stronger the wish, the more powerful the Triforce’s expression of that wish. Ganon’s wish was to conquer the World. That wish changed the Golden Land to the Dark World. Ganon was building up his power here so he could conquer the Light World and make his power her so he could conquer the Light World and make his come completely true. But now, you have totally destroyed Ganon. His Dark World will vanish. The Triforce is waiting for a new owner. Its Golden Power is in your hands… Now, touch it with a wish in your heart.

Sí, otro mes más entre entrada y entrada. Sé que debería actualizar más, pero no me ha sido posible debido fundamentalmente a la sempiterna avalancha de trabajo a la que tengo que dar salida últimamente y que me obliga a trabajar de noche. Como os podréis imaginar, no es la manera en la que me gustaría emplear este momento del día y lo cierto es que ponerme delante del teclado para redactar cualquier cosa que tenga que ver con mis aficiones, es un lujo que a duras penas me puedo permitir. Durante estos días han sucedido multitud de cosas no precisamente agradables, he tenido que comerme toda clase de marrones que no me gustaría haber tenido que solucionar y lo cierto es que me ha costado mucho tanto hacer un ejercicio de memoria como investigar algunas de las cosas de las que hablaré en las próximas líneas. Pero más por el cansancio que por otra cosa.

Entrando ya en detalles, tengo que confesar que se trata del que para mí era uno de mis videojuegos malditos junto a Golden Sun. Uno de éstos que empecé en tiempos remotos y que por unas razones o por otras empecé a postergar su finalización hasta el día de hoy. Porque sí, he tardado la friolera de 14 años en completarlo, pero no por su dificultad, sino por la enorme cantidad de imprevistos que una y otra vez se empeñaban en impedir que me lo pasase (algunos, de verdadero gafe). De hecho, han sido unas cinco las veces que he tenido que empezarlo hasta que por fin me animé a terminar y fue por una razón tan tonta como… el encontrarme en una tienda de cómics con la edición del manga basado en él y decir que, de una vez, no iba a dejar pasar más tiempo e iba a acabar esta particular aventura que, por cierto, era una de las que me faltaban para tener analizadas todas las grandes joyas del catálogo de SNES.

Sin embargo, no me gustaría concluir esta breve introducción sin antes matizar una cosa sobre la que machacaré. Es verdaderamente hiriente encontrarse con que prácticamente todo el mundo en España miente sobre este título diciendo que lo ha jugado o que le pareció en su día excepcional, cuando lo primero es manifiestamente falso, mientras que respecto a lo segundo hay publicaciones que llegaron a decir recientemente que fue el mejor juego del catálogo de la consola cuando en su día ni siquiera le dedicaron una portada (para lo cual habría que esperar al Ocarina of Time). Así que ésta es la credibilidad de unos cuantos de los que están por ahí haciéndose de oro a costa de aparentar en Internet lo que con toda evidencia no son en la vida real y encima son miles los que se lo creen. Pero en fin, no nos entretengamos más y metámonos a saco con el tema que realmente importa.

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Okuribito, el canto mortuorio a la vida de Yojiro Takita

okuribito

– ¿Está rico? – ¡Delicioso! Por cierto, ¿has traído el chelo? – ¡Quiero oírte tocar! – Pero sólo un poco ¿eh? – Nunca he oído a un violonchelista en directo. – ¿Eras músico de orquesta? – Sí, estaba en una, pero se disolvió. – ¿Y cuándo empezaste a tocar? – En párvulos. – ¿Desde hace tanto? – Sí, este chelo es de niño. Fue mi padre el que se empeñó en que aprendiese. – Hizo bien. – Sí, pero él no era un buen hombre. Montó un café y nos abandonó a mi madre y a mí por una camarera. Un cabrón. – ¿Dónde está ahora? – Supongo que muerto… Bien, dama, caballero, ¿qué quieren escuchar? – Bueno, a estas horas ya es Navidad… – ¿Me imagino que no habrá problemas religiosos? – No te preocupes, somos budistas, cristianos, musulmanes e hindúes a la vez. – Bien, toquemos pues en honor a esta noche sagrada.

Sí hijos míos. He tardado, vaya si he tardado en volver a escribir en la bitácora a pesar de tener toda la voluntad de publicar a principios de septiembre. Y la culpa la ha tenido no sólo la avalancha de trabajo que desde hace tiempo disfruto, sino también el monstruoso calor que ha azotado el país las últimas semanas y que casi acaba con la poca salud mental que todavía atesoro. Bueno, eso y el “Chou” que ha ofrecido el PSOE este fin de semana después de que Pdro Snchz se quedase con más vocales que votantes, pero en fin. Aunque en esta ocasión la damnificada haya sido nada más y nada menos que… ¿una película con actores de carne y hueso? Pues si, por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a analizar un largometraje perteneciente al cine convencional. Aunque eso sí, y como Dios manda, procedente de Japón para así no traicionar del todo la filosofía del blog.

Posiblemente recordaréis que lo advertí un año atrás. Más tarde o más temprano este film tendría un hueco en esta bitácora, y vaya si se lo he dado. No obstante, han transcurrido más de doce meses desde que lo anuncié. Sí, es verdad, siempre he tardado mucho más de lo que he planificado en cumplir mis promesas, pero el caso es que las cumplo. O ¿qué creíais? ¿Que mi palabra vale tanto y tiene tanta durabilidad como firmar un pacto con Albert Rivera? Pero el caso es que por fin está aquí, elaborada en medio de una espiral de trabajo agotador y demorada una y otra vez por culpa del asqueroso calor que ha hecho durante el mes pasado y que reconozco que casi ha acabado conmigo. Sin embargo, por suerte para mí las bajas temperaturas están a la vuelta de la esquina.

Debo añadir que el exceso de luz siempre ha afectado a mi carácter. Me pongo moreno en un día y lo cierto es que el Sol nunca me ha perjudicado, pero me pone especialmente de mal humor. Además, yo para rendir necesito cielos muy nublados, una temperatura en torno al bajo cero y lluvia, mucha lluvia, que es precisamente lo que ha faltado este verano. Así pues, para redactar lo que estáis viendo bajo estas líneas, he tenido que recurrir al viejo truco de escribir de noche, en espera de que de una maldita vez los 30 grados nos dejen en paz. Pero, como siempre, dejemos a un lado los soliloquios y empecemos con lo que realmente importa.

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Charlotte, destrozando meteóricamente la carrera de Jun Maeda

Charlotte

– Por fin despertaste. Gracias por el duro trabajo que has desempeñado. Has mantenido tu promesa. – Ay. -Tu vida ya no corre peligro. Pero necesitas descansar un tiempo. – Está bien… Por cierto… ¿quién eres? – Así que no me recuerdas… Es normal. Saqueaste miles… decenas de miles de habilidades. Tiene que haberte afectado al cerebro y es un milagro que puedas hablar. Yo soy… tu novia. – ¿Mi novia? ¿Y no te reconozco? – Oírte eso es algo que me duele más de lo que creía. – Acabo de hacer que te pongas triste, ¿verdad? Lo siento, no puedo recordar nada. – ¿Ves estas tarjetas? Yo las hice. Y las guardaste hasta el final. ¿Te sirvieron? – ¿Tú las hiciste? – Sí. – Fueron… mi amuleto de la suerte. Era lo único de lo que no me podía separar. Aunque ya estén rotas y viejas. – Muchísimas gracias. Porque si fuiste capaz de sobrevivir gracias a ellas… no podría estar más contenta. – ¿He hecho que te pongas triste otra vez? – No. Soy feliz. Eso es todo. Yuu, con esta cámara sólo captaba cosas malas, pero ahora quiero grabar nuestros momentos juntos. Así que, a partir de ahora, tengamos muchos momentos muy felices que grabar.

Sí hijos míos. Vuestra vista no sufre de ningún tipo de anomalía y no se trata de ninguna alucinación mental. Es la tercera entrada que redacto en lo que llevamos de mes y sí, hacía años que no redactaba “tantas” de un modo tan seguido. Un hecho inusual que encuentra su sentido en muchos motivos de entre los cuales destaca por méritos propios la escandalosa cantidad de aburrimiento que es capaz de provocar el pasar el mes de agosto en ciudades con los bullicios estivales de Zamora y de Valladolid, en las que podrías incluso hacer un “Abre los ojos” (correr en hora punta por la mitad de una carretera del centro de la ciudad) sin que pase nada al estar completamente vacía. Aunque, para qué nos vamos a engañar, gran parte de la culpa también reside en hasta qué punto estoy hasta las narices de escribir sobre temas de Derecho.

No tengo por lo tanto mucho que contar en lo personal mucho más allá de decir que, digan lo que digan, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro me parecieron un auténtico insulto en cuanto a su calidad y sólo el hecho de ver a grandes como Phelps o Bolt los han salvado de ser los peores de la historia junto con los de Atlanta. Estadios medio vacíos, un público bastante maleducado por regla general y una organización que ha redefinido para mí el concepto de “vergüenza ajena”. Aunque lo más dramático es el cataclismo económico que van a provocar sus pérdidas en Brasil y el desastre que ello generará en todos los países de su área de influencia. Y pensar que aquí se ha intentado en tres ocasiones traernos ese engendro y que, para colmo, la siguiente víctima de la ocurrencia es Tokio…

Fuere como fuere, y volviendo a lo que nos ocupa, debo admitir que dije por activa y por pasiva que, no, jamás, bajo ningún concepto, etc… volvería a analizar un anime como el que tenéis ante vosotros. Pero ya sabéis que “no es no¿verdad Tania? Por ello, yo también me sumo al “cambio” ése y le doy a mis propias palabras la interpretación “coletudesca” con tintes de “neoadacolauimo” que ahora hay que darle a todo (especialmente dentro del mundo otaku español). Así pues, y no sin antes decir que sois muy afortunados o que os envidio a los que seáis de América y no sepáis con qué estoy ironizando, comencemos con este engendro… que no es tan horroroso como un “Aló Pablemos” de LaSexta… ni provoca tanto dolor de cabeza como aprenderse si hay que llamarlos “En Comú”, “En Marea”, “Sí se puede”, “Ganemos”, “Unidos Podemos” o como leches decidan presentarse durante los próximos diez minutos… pero bueno, algo hace.

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Poulette no isu, la losa profesional de Hiroyasu Ishida

Más o menos desde el año pasado no me animaba a redactar una minireview para la bitácora basada en una obra corta. Ya sabéis, una de éstas bien de carácter underground de las muchas que los jóvenes talentos suben a Internet para darse a conocer, bien de las que estudios profesionales utilizan para, de forma relativamente gratuita, realizar determinadas promociones comerciales a cambio de “compartirlas”. No soy demasiado aficionado a ellas, pero entre la avalancha de trabajo de estos días y que mi ciudad parece un horno a presión, creo que algo ligero puede venir bien para darle la bienvenida a este bochornoso mes de agosto.

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