A Link To The Past, la génesis del mito de Zelda

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– I never imagined a boy like you could give me so much trouble. It’s unbelievable that you defeated my alterego, Agahnim the Dark Wizard… Twice! But I will never give you the Triforce. I will destroy you and make my wish to conquer both Light and Dark Worlds come true without delay. – I am the essence of the Triforce. This power will grant the wishes in the heart and mind of the person who touches it. If a person with a good heart touches it, it will make his good wishes come true… If an evil wishes come true… If an evilhearted person touches it… it grants his evil wishes. The stronger the wish, the more powerful the Triforce’s expression of that wish. Ganon’s wish was to conquer the World. That wish changed the Golden Land to the Dark World. Ganon was building up his power here so he could conquer the Light World and make his power her so he could conquer the Light World and make his come completely true. But now, you have totally destroyed Ganon. His Dark World will vanish. The Triforce is waiting for a new owner. Its Golden Power is in your hands… Now, touch it with a wish in your heart.

Sí, otro mes más entre entrada y entrada. Sé que debería actualizar más, pero no me ha sido posible debido fundamentalmente a la sempiterna avalancha de trabajo a la que tengo que dar salida últimamente y que me obliga a trabajar de noche. Como os podréis imaginar, no es la manera en la que me gustaría emplear este momento del día y lo cierto es que ponerme delante del teclado para redactar cualquier cosa que tenga que ver con mis aficiones, es un lujo que a duras penas me puedo permitir. Durante estos días han sucedido multitud de cosas no precisamente agradables, he tenido que comerme toda clase de marrones que no me gustaría haber tenido que solucionar y lo cierto es que me ha costado mucho tanto hacer un ejercicio de memoria como investigar algunas de las cosas de las que hablaré en las próximas líneas. Pero más por el cansancio que por otra cosa.

Entrando ya en detalles, tengo que confesar que se trata del que para mí era uno de mis videojuegos malditos junto a Golden Sun. Uno de éstos que empecé en tiempos remotos y que por unas razones o por otras empecé a postergar su finalización hasta el día de hoy. Porque sí, he tardado la friolera de 14 años en completarlo, pero no por su dificultad, sino por la enorme cantidad de imprevistos que una y otra vez se empeñaban en impedir que me lo pasase (algunos, de verdadero gafe). De hecho, han sido unas cinco las veces que he tenido que empezarlo hasta que por fin me animé a terminar y fue por una razón tan tonta como… el encontrarme en una tienda de cómics con la edición del manga basado en él y decir que, de una vez, no iba a dejar pasar más tiempo e iba a acabar esta particular aventura que, por cierto, era una de las que me faltaban para tener analizadas todas las grandes joyas del catálogo de SNES.

Sin embargo, no me gustaría concluir esta breve introducción sin antes matizar una cosa sobre la que machacaré. Es verdaderamente hiriente encontrarse con que prácticamente todo el mundo en España miente sobre este título diciendo que lo ha jugado o que le pareció en su día excepcional, cuando lo primero es manifiestamente falso, mientras que respecto a lo segundo hay publicaciones que llegaron a decir recientemente que fue el mejor juego del catálogo de la consola cuando en su día ni siquiera le dedicaron una portada (para lo cual habría que esperar al Ocarina of Time). Así que ésta es la credibilidad de unos cuantos de los que están por ahí haciéndose de oro a costa de aparentar en Internet lo que con toda evidencia no son en la vida real y encima son miles los que se lo creen. Pero en fin, no nos entretengamos más y metámonos a saco con el tema que realmente importa.

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Okuribito, el canto mortuorio a la vida de Yojiro Takita

okuribito

– ¿Está rico? – ¡Delicioso! Por cierto, ¿has traído el chelo? – ¡Quiero oírte tocar! – Pero sólo un poco ¿eh? – Nunca he oído a un violonchelista en directo. – ¿Eras músico de orquesta? – Sí, estaba en una, pero se disolvió. – ¿Y cuándo empezaste a tocar? – En párvulos. – ¿Desde hace tanto? – Sí, este chelo es de niño. Fue mi padre el que se empeñó en que aprendiese. – Hizo bien. – Sí, pero él no era un buen hombre. Montó un café y nos abandonó a mi madre y a mí por una camarera. Un cabrón. – ¿Dónde está ahora? – Supongo que muerto… Bien, dama, caballero, ¿qué quieren escuchar? – Bueno, a estas horas ya es Navidad… – ¿Me imagino que no habrá problemas religiosos? – No te preocupes, somos budistas, cristianos, musulmanes e hindúes a la vez. – Bien, toquemos pues en honor a esta noche sagrada.

Sí hijos míos. He tardado, vaya si he tardado en volver a escribir en la bitácora a pesar de tener toda la voluntad de publicar a principios de septiembre. Y la culpa la ha tenido no sólo la avalancha de trabajo que desde hace tiempo disfruto, sino también el monstruoso calor que ha azotado el país las últimas semanas y que casi acaba con la poca salud mental que todavía atesoro. Bueno, eso y el “Chou” que ha ofrecido el PSOE este fin de semana después de que Pdro Snchz se quedase con más vocales que votantes, pero en fin. Aunque en esta ocasión la damnificada haya sido nada más y nada menos que… ¿una película con actores de carne y hueso? Pues si, por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a analizar un largometraje perteneciente al cine convencional. Aunque eso sí, y como Dios manda, procedente de Japón para así no traicionar del todo la filosofía del blog.

Posiblemente recordaréis que lo advertí un año atrás. Más tarde o más temprano este film tendría un hueco en esta bitácora, y vaya si se lo he dado. No obstante, han transcurrido más de doce meses desde que lo anuncié. Sí, es verdad, siempre he tardado mucho más de lo que he planificado en cumplir mis promesas, pero el caso es que las cumplo. O ¿qué creíais? ¿Que mi palabra vale tanto y tiene tanta durabilidad como firmar un pacto con Albert Rivera? Pero el caso es que por fin está aquí, elaborada en medio de una espiral de trabajo agotador y demorada una y otra vez por culpa del asqueroso calor que ha hecho durante el mes pasado y que reconozco que casi ha acabado conmigo. Sin embargo, por suerte para mí las bajas temperaturas están a la vuelta de la esquina.

Debo añadir que el exceso de luz siempre ha afectado a mi carácter. Me pongo moreno en un día y lo cierto es que el Sol nunca me ha perjudicado, pero me pone especialmente de mal humor. Además, yo para rendir necesito cielos muy nublados, una temperatura en torno al bajo cero y lluvia, mucha lluvia, que es precisamente lo que ha faltado este verano. Así pues, para redactar lo que estáis viendo bajo estas líneas, he tenido que recurrir al viejo truco de escribir de noche, en espera de que de una maldita vez los 30 grados nos dejen en paz. Pero, como siempre, dejemos a un lado los soliloquios y empecemos con lo que realmente importa.

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ERASED, revivir el pasado para salvar el futuro de la mano de A-1 Pictures

– “Creer” es una palabra extraña, porque si de verdad crees en algo o en alguien, no necesitas decirlo. Por ejemplo, no decimos que “creemos” en el aire. Así pues, creemos porque en el fondo desconfiamos de aquello en lo que decimos creer, ¿verdad? No quiero decir que creer en algo lo convierta sin más en una mentira. Sólo digo que decimos que “creemos” cuando en realidad lo que expresamos es que “queremos creer”. – No tengo el valor para involucrarme con otros. Por eso no tengo compañeros. Jugar con mis amigos es divertido, pero seguro que un amigo es distinto a un compañero. Ayer, vi el último episodio de mi anime favorito, “Pelea, Wonder Guy”. Cuando empezó, Wonder Guy combatía solo y, por muchas veces que lo derrotaran, se armaba de valor y seguía peleando sin rendirse, porque decía que si alguien no daba un paso adelante, jamás se abriría un camino. Y por eso continuaba y empezó a conocer a sus compañeros, que se le juntaban cuando veían su valor. Y al final, cuando el enemigo estaba a punto de derrotarlo, confiaba en que sus compañeros acudirían en su ayuda. Pero yo ni tengo el valor de Wonder Guy, ni tampoco compañeros. Por eso lo envidio y, cuando sea mayor, me gustaría tener compañeros que confíen en mí y en los que pueda confiar. – Yo creí.

Dije hace ya un tiempo, en los comentarios a mi reseña sobre Ping Pong, que este anime no iba a gozar de una review por estos lares. O mejor dicho, dudaba muy seriamente de que el título que nos ocupa llegase a tener un sitio por aquí. Sin embargo, rectificar es de sabios (por eso mi país se ha llenado de necios) aunque yo no soy muy aficionado a ese deporte. Por ello, el año pasado me encontraba, para variar, corriendo por la noche huyendo del asfixiante calor cuando pensé en mi cumpleaños. Aunque tal vez debería decir… en quién, sabiendo perfectamente cuándo era, me lo felicitaba y en quién no. Incluso ricemos el rizo y añadamos una matización y unos plurales: en quiénes no me felicitan mi cumpleaños sabiendo perfectamente cuándo es mientras que yo sí le felicito los suyos (a veces incluso matándome a trabajar para ello), y en quiénes me lo felicitan incluso cuando yo me olvido de los suyos.

Así pues, tomé una decisión. No volvería a malgastar un segundo de mi vida en los primeros e intentaría desagraviar a los segundos. Porque el tiempo, queridos amigos, y como bien nos recuerda estos días una conocida marca de bebidas alcohólicas en su publicidad, es el bien más valioso que tenemos y no sólo hay que preocuparse de no despilfarrarlo en quien no lo merece, sino que hay que invertirlo en quien lo vale. Y de entre todas esas personas, sin duda la que más merece mi atención es Dany, puesto que no sólo ha estado a mi lado y me ha sido leal durante, madre de Dios, más de cinco años, sino que además se ha acordado sistemáticamente de cuándo añado una unidad a mi edad a pesar de que yo jamás recordaba el suyo (o lo confundía con el de otros, que también me ha pasado).

Y en éstas estaba cuando me acordé de que éste había sido precisamente un anime que me había recomendado a través de Twitter. Un hecho que, unido a los factores que comento en la segunda introducción, me haya decantado por analizar este título como una forma de felicitarle “su día”. Así que ésa es la razón por lo que esta entrada va dedicada muy especialmente a ella, deseándole que cumpla muchos más en compañía de sus seres queridos y, agradeciéndole, por supuesto el ser titular de su amistad. Lo que sin duda es un lujo que yo no merezco. ¡FELICIDADES! Pero dejémonos de presentaciones y adentrémonos ya en esta peculiar historia a medio camino entre el misterio y la Ciencia Ficción.

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Bakemono no Ko. Hosoda a hombros de gigantes para sucederse a sí mismo

Bakemono no Ko

– ¿Cómo voy a lidiar con esto? Si utilizo el agujero que hay en mi pecho y encierro la oscuridad en él ¿desaparecerá si acto seguido me atravieso con la espada? ¿Es ésa mi única opción? – Yo… he estado pensando sobre el porqué cogí tu mano y decidí correr contigo. Estaba muy asustada y sin embargo lo hice. ¿Por qué? Así que recordé cuándo te conocí y cómo empezamos a estudiar juntos. Estaba tan feliz. ¡No hay nadie con el que disfrute tanto estudiando! Además cuando estoy contigo siento que puedo dar lo mejor de mí. Por lo tanto, incluso ahora… si vas a pelear, yo iré contigo. No lo olvides.

Sí, es totalmente cierto. Hasta a mí me causa asombro que este año publique una segunda review relacionada con el anime poco más de diez días después de haber sacado la última y en el mismo mes. Casi me atrevería a decir que es incluso más sorprendente que ver al Barça ganar un partido contra once jugadores y sin el árbitro inventándose rojas o penalties. O creo que debería ir todavía más allá. Es muchísimo más inesperado que entrar en el Twitter de Piqué y que éste no haya hecho alguna soplapollez. O incluso lo que sería ya el acabose: que confesase que lo suyo con Shakira o con el Periscope era sólo una maniobra para ocultar su amor por… Arbeloa. Bueno, ya me entendéis.

Bromas aparte, me apetecía escribir sobre animación japonesa y no podía esperar. Lo cierto es que llevo unos meses atormentado por razones que no vienen al caso, así como hecho un auténtico lío y, precisamente por esto último, necesito desconectar de la terrible batalla que se libra en mi interior entre el hombre que fui y el que soy en la actualidad. Aunque en honor a la verdad, no puedo decir en qué consisten los dilemas que me atormentan cada noche ni qué hace que últimamente no duerma demasiado bien y necesite correr como un auténtico descosido para contener la tensión. Y redactar para mí ha sido siempre una buena forma de perder esto último.

En fin. El caso es que encontré algo bueno, comencé a teclear y teclear y al final el resultado es el que tenéis delante de nosotros. Me imagino que nadie mínimamente relacionado con el mundo del anime desconoce quién es Hosoda y lo que representa, todas sus películas (que lo fueron de verdad) han tenido su espacio en esta bitácora y la presente no podría ser menos. Máxime cuando, como podrá verse más adelante, se trata de uno de los pocos títulos de calidad que me he echado a las espaldas durante los últimos años. Por lo tanto, dejémonos de presentaciones y empecemos con el que es, posiblemente, el título más importante de la temporada.

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Life is Strange, la paranoia temporal episódica de Dontnod

Life is Strange

– Max, it’s… it’s me. I just wanted to say… I’m sorry. I didn’t want to hurt Kate or Rachel or… didn’t want yo hurt anybody. Everybody… used me. He… is coming for me now. All this shit will be over soon. Watch out, Max… He wants to hurt you next. Sorry.

Sí. Otra vez. Una vez más vuelvo a retrasar la entrada que tenía previsto publicar sobre Ping Pong The Animation porque me acabo de encontrar algo que ha cambiado por completo mis planes. Pero tengo una explicación lógica y altamente satisfactoria para ello. Y es que estaba analizando todos los Greatest Hits de Antonio Baños, (sí, el de la CUP). Y con aquello de intentar descifrar el significado de las palabras de “Bajo el Sol, cabalgando en la espuma de las vacaciones (Esto no es agua) los chicos van persiguiendo delfines que les hacen caer. Y ahí está él, convirtiendo la magia del verano en canciones” se me terminó poniendo cara de Artur Mas viendo una asamblea de ese partido y lo uno llevó a lo otro.

Sí hijos míos, los que no seáis de España diréis que de qué demonios estoy hablando, pero es que la política de este país es un sainete tan rocambolesco que hace que, cada día, los titulares de los informativos dejen a un tuit de Piqué a la altura de un ensayo del Feuerbach ése, y seguirla tiene más peligro que poner un radar de tráfico a la entrada del vestuario del Madrid (¿a que sí James?). Bueno, o eso o meter a un Inspector de Hacienda como psicólogo deportivo del Barça para motivar a Messi y a Mascherano, que seguro que les encanta… Así pues, como en todo el país ya ni siquiera el fútbol parece estar bien de la cabeza, pues qué mejor que meter como entrenador de mi equipo a alguien que, gracias a ella, ganar no sé si ganaremos algo este año… Ahora, en el Street Fighter V vamos a petarlo seguro.

Así que necesitaba una ida de perola en el buen sentido de la palabra para olvidarme de todo esto y que no se me fuese de verdad la olla y… premio, me acordé de que estas vacaciones tenía a este título destinado a ser lo que yo llamo “el juego de las Navidades”. Y cuando vi que era una fumada del quince pensé que con él se me iría la perola (Vamos, que estaría bastante más cuerdo que el 95% de la actual clase política española que llaman “del cambio”) y pensé “¿esto se inyecta o se esnifa?”… y después de llevarme una tremenda decepción al comprender que simplemente se jugaba decidí que, ya que estoy que no puedo estar más hasta arriba de trabajo, no tengo tiempo para nada y el cerebro me va a estallar, pues qué mejor que ponerme a analizarlo para hacer con la demencia algo útil. Así pues, y tras dejar bien claro que de febrero no pasa sin hacer la review que le tengo prometida a Karina… aquí tenéis el primer análisis del 2016 con el que tendremos la oportunidad de pasar unas vacaciones con todos los gastos pagados a la bahía del porro… digooo, a Arcadia Bay.

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