Omoide no Marnie, el comienzo del Hiatus de Ghibli

Omoide No Marnie

– Tengo que volver. – ¿Estaban hablado de ti? – Sí, normalmente estoy en la cama a esta hora. Vamos, volvamos a casa remando. – Así que este bote era tuyo. – Sí, y lo dejé a tu alcance a propósito, aunque pensé que remabas bastante mejor. – Sí, eso creía yo también. – Eres mi precioso secreto. No le he dicho nada a nadie sobre ti y no lo voy a hacer, porque si alguien se entera lo estropeará todo. Por favor, prométeme que lo nuestro seguirá siendo un secreto siempre. – Sí. – Será nuestro secreto.

Sí, he tardado casi dos meses en volver a hablar de anime, pero como ya dejé bien claro o descansaba un poco o la cabeza me iba a estallar. Además, como siempre he dicho yo soy un lobo de invierno; el verano y yo jamás hemos sido buenos amigos y mi productividad durante estos meses suele mermarse considerablemente. Pero es que lo de este año y sus asquerosas oleadas de calor está superando todo lo humanamente soportable por mi parte. Os puedo asegurar que ha habido veces que me he encontrado al ir a correr el termómetro a 41 grados, he dormido con 34 por la noche y o bebo de tres a cuatro litros de agua diarios o tengo la sensación de que me voy a deshidratar.

Así es la meseta castellana durante estos meses. Un verdadero horno a presión particularmente difícil de llevar para todo aquel que no tenga a su alcance una piscina. Y teniendo en cuenta que lo más parecido que tengo a mi disposición es el mar de libros de Derecho (en especial Mercantil) que inunda habitualmente mi habitación, y que tengo que combatir estas temperaturas anormalmente altas a la par que mi mente resulta frecuentemente atacada por unas dosis exageradas de aburrimiento extremo… comprenderéis que no es una tarea precisamente fácil para mí ponerme a escribir, ya no sólo por la dificultad para encontrar tiempo, sino también para reunir las ganas necesarias con las que ponerme a ello. Pero una vez conseguidas, aquí estoy.

Así pues. Casi después de que Desiré Cordero despertase una oleada de patriotismo en Pérez-Reverte que ríete tú de cuando España ganó el Mundial de 2010, después (ya en el sentido estricto del término) de que Dragon Ball Super demostrase que muchos de los que a día de hoy van de otakus veteranos desconocían que existía un engendro llamado Dragon Ball GT desde cuyo estreno el confiar en que se edite algo mínimamente bueno relacionado con la franquicia es como esperar que Piqué parta la historia del pensamiento humano en dos tras una de sus juergas, después de que el TOPOR haya pasado a ser un problema del OTOPOR, digooooo, del Oporto (cosa que celebré con suma discreción) y apenas unos días después de que fuese ya definitivo que Miyazaki volvía a la carga con un corto de animación (ya es casualidad) procedo a analizar un anime que me habían exigido hasta la saciedad desde hace meses debido a que los caprichosos vientos del destino han hecho de él la que podría ser la última producción de Ghibli si este estudio no sale del hiatus indefinido en el que por el momento se encuentra. Por lo tanto, como siempre preparándome para lo peor, comencemos.

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La Isla de Giovanni. Una muerte a la sombra de las Kuriles

A nuestro padre le encantaba “El tren nocturno de la Vía Láctea”, la novela de Kenji Miyasawa. Cuando comencé a ir a la escuela me hacía leerlo en voz alta a diario, igual que a mi hermano después. Decía que a nuestra madre también le encantaba ese libro y que solía leerlo a menudo cuando estaba viva. De hecho nos pusieron el nombre en base a los personajes principales de la historia, Junpei, que viene de Giovanni y Kanta de Campanella.

Como siempre, lamento haber tardado tanto en redactar el presente artículo a pesar de que quería haberlo presentado el Domingo o incluso antes pero el caso es que tras superar mi lesión me ha dado por correr más de la cuenta estos días y que, como siempre, empecé a escribir y terminé liándome… En un principio pensé que esto se podría resolver con cosa de pocas palabras, pero nada más terminar la película me di cuenta de que no se podía ventilar sin más con una review, sino que estábamos ante un producto tan complejo que debía tener algo más de enjundia de lo habitual, al menos para poder entender algunas de las situaciones que se plantean en su argumento y las connotaciones de determinadas escenas que, descontextualizadas, pueden parecer oscuras o incluso absurdas a nuestro ojos sin que lleguemos a entender exactamente el porqué.

Pensaba pues en cómo debía enfocar esta entrada y las ideas se agolpaban en mi cabeza, aunque creo que la mejor manera de comenzar esta introducción es aclarar que tiene su gracia cómo muchas veces creemos que elegimos algunas de las cosas que nos ocurren en la vida, cuando son en realidad esas cosas las que nos eligen a nosotros. El ejemplo más característico de ello son los libros, ésos que no sabes muy bien cómo acaban delante de tus narices pero el caso es que terminamos devorándolos. Hecho eso, nos damos cuenta de que eran maravillosos y que no sabíamos qué demonios estábamos haciendo hasta que sus páginas llegaron a nuestras vidas. Existía una joya y, sin embargo, vivíamos en la inopia a pesar de que teníamos perfecto acceso a ella. Y eso es más o menos lo que me ocurrió con esta película. Me encontraba en un determinado centro comercial de Valladolid y echándole un vistazo a las novedades en DVD que había por ahí, me topé con un ejemplar de esta obra y no pude evitar comprarla. ¿Por qué? Pues porque me dio buena espina y… acerté, al menos en lo que a obras de las que realmente me gusta hablar por aquí se refiere.

La casualidad me vino realmente bien, porque, para variar, estaba verdaderamente desesperado en cuanto a buscar algo realmente bueno para comentar, en vez de lo habitual: bazofias con las que me vengo del mundo y de los cordones demasiado largos que piso al hacer ejercicio y que me lesionan y todo lo que me encontraba era así. Menuda novedad, ¿no es cierto? Aunque reconozco que no es exacto que conociese este largometraje de este modo, puesto que ya conocía su nombre por culpa de que la horrible cosecha de este año en lo referente al “Animation of the Year 2014”. O al menos eso se deducía en cuanto a la apariencia inicial de la lista de nombres que incluían los nominados, sin que pareciese que existiera ningún título de peso más allá de Omoide no Marnie (que ni siquiera consiguió alzarse con él) siendo el presente film, el único que al menos pretendía ser calificado de esa manera. Pero me entró un cortocircuito y, dicho y hecho. Veamos si da o no la talla y si el perder contra Doraemon fue o no justo.

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Neo Geo, el Lamborghini de la Cuarta Generación de Consolas

NeoGeo

Pues sí. He tardado bastante en volver a publicar una entrada y no es para menos. Acabo de terminar cinco semanas de trabajo agotador en las que no he parado de estar en varias ciudades a la vez el mismo día y en las que no he tenido tiempo ni para caerme de espaldas en casa por lo que para escribir este artículo he tenido que convertirme en un verdadero economista del tiempo… o si se prefiere, he tenido que robarle horas al sueño (porque, para qué nos vamos a engañar, no he tenido más remedio que hacerlo así). En principio iba a hacer una review de anime, pero hablando hace poco con Antonio Arroyo recordé el artículo que escribí sobre Master System (y que, por cierto, funcionó bastante bien) y pensé que ya iba siendo hora de hacer lo propio con otra de mis consolas preferidas… O bueno, “Consola/Placa Arcade” más bien. Pero es que encima iba liándome poco a poco a la hora de contar cosas y al final me ha quedado… una de las entradas más largas de las que he escrito.

En otro orden de cosas y ya entrando en temas personales, después de tres años de ausencia, este último fin de semana me dejé caer de nuevo por el Salón del Cómic y Manga de Castilla y León. La verdad es que no me gustó tanto como en otras ocasiones, pero me ha llenado de alegría ver que cada vez hay más otakus en tierras castellanas y que el esfuerzo que tuvimos que acometer unos cuantos en su día (recibiendo palos hasta en el carnet de identidad) ha dado por fin sus frutos, puesto que la Feria de Valladolid experimentó un verdadero llenazo. Dicho sea de paso, no avisé a nadie y fui a mi bola, pero me encantó encontrar por ahí a algunos de mis viejos compañeros de armas y tomar así un café de los que sólo se pueden tomar al lado de la Plaza de la Universidad para recordar viejos tiempos y contarnos batallitas.

Por último, y antes de empezar, haré cuatro aclaraciones por si algún talibán/dinosaurio de la máquina lee esta pequeña review. Una, detesto con todas mis fuerzas el Magician Lord y ésa es la razón por la que no está en el Top del final, puesto que para esa clase de juegos los había mejores en MD o en SNES a pesar de su inferioridad técnica. Dos, que los matamarcianos de Neo Geo eran espectaculares, pero increíblemente aburridos y por ello ni siquiera los he mencionado. Tres, adoro a la saga KOF, pero debido a que sus diez capítulos oficiales para la MVS están analizados en la bitácora, decidí no incorporarla al ranking ya aludido. Y cuatro, sí, a ésta máquina se la conocía como “El Rolls Royce de las consolas”, pero yo cambio a esa marca por Lamborghini por ser superior a mi sincero entender, especialmente si encima viene acompañada de apellidos como “Sesto Elemento”, “Veneno” o, especialmente, “Aventador”. Pero dejemos de lado los nombres de los coches con los que mojo mis sábanas blancas (como diría la canción) y pongámonos ya serios con este prodigio tecnológico que se convirtió por méritos propios en uno de los hitos más importantes de la historia del videojuego no sólo por su escandaloso precio sino también por su increíble potencia en todas y cada una de las acepciones de esa palabra.

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Super Mario World, una infancia en forma de cartucho para SNES

Super Mario World

– Welcome! This is Dinosaur Land! In this Strange Land we find that Princess Toadstool is missing again! Looks like Bowser is at it again!

Estoy reventado. Menuda novedad ¿no es cierto? Pues sí, sé que ya apenas doy señales de vida pero ya he expresado muchas veces los motivos. De cualquier manera, si antes existían razones de peso, éstas se han agudizado durante estos días por culpa de los exámenes; esa maldita plaga que sacude nuestras vidas a finales de enero y principios de febrero y que me han mantenido alejado del mundanal ruido. Pero una vez concluidos es tiempo de volver a las reviews y, para esta ocasión, el elegido ha sido un videojuego de corto clásico: Super Mario World. Algo que, como siempre, he hecho al revés puesto que me ha dado por hablar de él… más de dos años después de hacerlo sobre su segunda parte.

Así soy yo y mira que me lo dijo veces una profesora que tuve en Periodismo. Siempre he tenido un serio problema con el desorden y si bien lo lógico hubiese sido comenzar por éste y continuar por el juego de Yoshi al final… he terminado haciendo lo que me ha venido en gana. Supongo que forma parte de mi manera de ser lo del ir improvisando sobre la marcha a la hora de redactar. Es más, escribiendo estas líneas me acabo de dar cuenta de que hacía cerca de dos años que no tocaba un juego de SNES desde que me dio por destripar el Lufia, pero supongo que más vale tarde que nunca puesto que este sistema es uno de mis preferidos y existen al menos tres programas más de los existentes en su catálogo que me gustaría reseñar.

En otro orden de cosas, y antes de empezar con asuntos más serios, no me gustaría terminar esta introducción sin antes señalar que me ha costado mucho escribir lo que tenéis entre manos. Es verdad que esto ya me ha ocurrido en otras ocasiones, pero lo de este cartucho ha sido algo particularmente fuerte. Me he visto bloqueado en infinidad de ocasiones, las frases que me iban saliendo estaban mal hilvanadas y las erratas en esta ocasión han superado mis más optimistas previsiones. Aunque nada que ponerse tranquilamente ante el ordenador después de un buen fin de semana, una película de Miyazaki y una buena carrerita no pueda solucionar. Así pues, y sin más preámbulos, ¡AL TURRÓN!

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Terra Formars, la cruzada contra las cucarachas genocidas

Terra Formd

Ésta es una de las cucarachas gigantes de Marte, un “Terraformer”. Durante los últimos cinco siglos han evolucionado físicamente hasta este punto, con la intención de adaptarse al ambiente marciano. Hace 42 años, los seis tripulantes del BUGS 1 y, hace trece, veinte tripulantes del BUGS 2 fueron asesinados por ellos. – Entonces quieres decir… ¿que estas cucarachas gigantes comen personas? – Dime, si encontraras una cucaracha en la cocina, ¿te la comerías? No, ¿verdad? Pero sí la matarías. Ésta es una guerra entre humanos y cucarachas para determinar qué especie seguirá existiendo. La que pierda, será la plaga a exterminar.

Sí, lo sé, dije que iba a publicar una entrada para felicitar el año nuevo, pero no he podido hacerlo hasta hoy. Cuando afirmé que me dormía sobre el teclado era literal. Hay que seguir con el blog, pero ello implica sacrificios y lo de tener que viajar, currar, estudiar, redactar escritos legales, entrenar y encima pensar cómo estructurar cada entrada exige un tiempo y, lo que es más importante, un poco de sosiego. Es verdad que siempre voy al límite en todo lo que hago, pero necesitaba unos días de asueto porque no es una forma de hablar que cuando publiqué mi entrada sobre Sword Art Online II, me desmoroné acto seguido sobre mi cama y permanecí más de diez horas fuera de combate. De ahí que tal vez alguno se percatase de que la última entrada de 2014 estaba mal redactada y hasta contenía una falta de ortografía más impactante que una bomba atómica en toda la cabeza. Pero es que, en serio, estaba para el arrastre.

Así pues, durante las vacaciones de Navidad he hecho lo que tenía que hacer: descansar. Cogí por banda el Super Mario Galaxy de Wii y me lo pasé, vi de un tirón las 16 películas que tenía pendientes de ver, desescombré mi habitación de apuntes y sentencias y me puse a ordenarlo todo, seleccioné algunos de los temas que abordaré este año para la bitácora y, por fin, conseguí que WordPress eliminase la publicidad que el mencionado server incrustaba (me gustase o no) al final de cada entrada. Aunque donde digo que “conseguí” hay que interpretar que… me tocó pagar. Insisto en que jamás he ganado un duro redactando nada de lo que se ve en esta bitácora y no quería dar lugar a ningún tipo de malentendido.

Y sí, antes de meternos en harina responderé a las dos preguntas que más me han hecho a lo largo de estos días de forma insistente por todos los sitios. La primera, en relación al vídeo que grabé es que sí, he adelgazado mucho porque ya dije que me dio por entrenar de una manera brutal haciendo especial hincapié en correr y lo uno llevó a lo otro; tengo ahora mismo el mismo aspecto físico que tenía una década atrás. La segunda es también que sí, me pitan los oídos de la cantidad de peticiones que tuve para hacer esta entrada y, aunque ya sabéis que no es ése el criterio por el que me rijo para escribir por estos lares, aquí está. Era una franquicia de un innegable éxito entre los otakus españoles y ello hacía que me una review sobre ella fuese obligada. Así pues, y sin más cháchara, pasemos a adentrarnos en el particular e hipercensurado mundo de las cucarachas culturistas de vocación genocida.

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